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Una mesita camarera abandonada y sin ocupación en la vida, nos encontró. Así que la restauramos con la habitual dosis de amor y paciencia, hasta llegar a un resultado delicado y pintón que ni ella misma se esperaba. En esta ocasión, la base de partida no era mala, pero si hubo que decapar la pintura en mal estado y sustituirla por otra nueva con una pátina de envejecido. Añadimos unas ruedas para darle mayor funcionalidad y después, una divertida sesión de fotos para sacarle todo el partido al té de las cinco. ¿Hace una pastita con Darjeeling?

La mesa-camarera antes.

Y luego, el renacimiento: lista y preparada para la hora del té más loca y famosa. Ganas teníamos de hacer nuestro particular homenaje a Lewis Caroll y su piscotrópica aventura de gatos sin cuerpo y conejos obsesivo-compulsivos. Y aquí queda. (Pincha en las imágenes y espera un poco, la resolución es alta).

Mesa camarera en el País de las Maravillas.

Acércate más...

...y más.

Si o gustó esta pequeña sesión campestre, en breve, tendréis más instantáneas de nuestras aventuras bucólico-pastoriles con mucho más material. Paciencia, nada más, se requiere. Hasta muy pronto.

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