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Vivía en un oscuro desván de trapero, donde sólo la acompañaban armarios alfonsinos y cuadros de bisabuelo. Era una mesilla madura que había pasado su juventud de forma recatada, vistiendo clásicos barnices y asistiendo a sesiones de costura entre señoras desocupadas. Nada nuevo para un auxiliar de sus características. Su vida estaba hecha y ella suponía que seguiría sosteniendo dedales, tazas de café con leche y novelas de Barbara Cartland. La moda, a veces cruel, la desterró del sueño de los hilvanes y el petit point, para dejarla seca y baldía en el último rincón del olvido. Hasta que un día…aquí debería sonar música de “entrada de hada madrina”, pero no. Será el hado padrino (lo decimos porque toca alumno y no alumna), quién venga y nos cambie el final del cuento.

Un intermedio del proceso nos explica de dónde venimos y a dónde vamos.

La santificación de los tonos pastel y los juegos de niña nos inspiraba un entorno lúdico-festivo con toda la artillería en primera línea, para reflejar el giro argumental del cuento de nuestra protagonista. No más sesiones de infumables hilvanes, ni charlas de alcanfor. Para la segunda juventud, sólo fiestas y carnavales.

La transformación ha sido sencilla. Decapado básico y nueva pintura. El combinado “cupcake” blanco y azul, aporta el punto distintivo del contraste entre el brillo y el mate. Tapa y cuerpo se funden amablemente en una nueva apariencia que invita casi probarla.

Para dar un aspecto más la ligero a la estructura, se ha suprimido la balda intermedia que se sostenía entre las patas. Esta norma de eliminar lo superfluo, siempre resulta.

Los tiradores, (motivo de discordia interna en las sesiones de psicoterapia del mueble), se quedaron tal cual vinieron, pero con un extremado pulido para matar el oro común. Por el camino, se quedaron las cabezas de barbie, los clicks de Famobil y las gominolas disecadas. Lo dejaremos para otra pieza más valiente.

Después de esta pequeña mascarada para ponerla de largo, le auguramos un futuro de “felices y comieron perdices” en la habitación de su nueva dueña, de la cual esperamos, a pesar de los colores, que llene sus cajones con sueños más radicales que los patrones de costura.

 

Para la próxima, otra mesilla. Esta vez de noche y más sobria. Pero eso, mañana (amplia palabra que puede conllevar la espera de varios días).

Feliz carnaval!

Pieza realizada por Juan Christmann.

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