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Después de dos posts hablando sobre “El perro del hortelano” y las connotaciones artísticas y cinematográficas, toca profundizar en el mueble per se. Valga este nuevo post para mostrar un selecto catálogo de mobiliario de los siglos XVI y XVII, de forma que todos nos hagamos una idea de la tendencia en interiores, en el Siglo de Oro. Como broma, unas páginas al estilo IKEA, ambientadas en cuadros holandeses del mismo periodo. Nos hemos permitido esta licencia extranjera, puesto que en aquel momento, era España la que marcaba la moda, al ritmo del Duque de Alba (si no que le pregunten a los holandeses, que en vez de decirle a los niños que venía el coco, les amezaban con el señor don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel).

Pieter de Hooch, "La habitación" 1660.

La transición de la edad Media al Renacimiento va descubriendo poco a poco nuevas técnicas, que van enriqueciendo el mobiliario hasta llegar al manierismo y la época barroca. Pasamos de casas y palacios prácticamente vacíos, a un lujo suntuoso en un par de siglos. La política y las costumbres sociales de estos 200 años van a marcar esa evolución, de espartano a ostentoso, sin lugar  a dudas. El imperio español de los siglo XVI y XVII va a determinar toda la esfera política y, de paso, la tendencia en “decoración”.

Los Austrias. El imperio marca la historia y la tendencia.

Tendencias en el siglo XVI. El nogal es la madera mas apreciada. Las estructuras dividen sus frentes en pequeños tableros con fuertes secciones rectas, primero y mixtilíneas más adelante, con un sistema compartimentado creado por la lacería árabe y que da origen al mueble cuarterones, hablando claro: el típico mueble castellano de casetones. Las tallas son básicas al principio y a medida que avanza el siglo se perfeccionan y se añade policromado y estuco. La taracea (en árabe tarsi, que quiere decir incrustación) y la marquetería (del catalán de la palabra marquet, que se refiere tanto a la pieza a incrustar como el martillo utilizado a tal fin) se imponen.

Tendencias en el siglo XVII. El nogal sigue siendo la madera mas apreciada, El pino y el roble se reservan para muebles que exigen duras prestaciones. Los inventarios de las casas ricas dan noticias de la importancia de materiales como el ébano, marfil, concha, maderas de palo de santo o palo de rosa, traídos en ingentes cantidades de las Indias occidentales (tener un Imperio se nota). En este siglo se reafirman las tradiciones y hay un resurgimiento del mudéjar como valor nacional. Cuando no se pueden emplear materiales ricos se vuelven los ojos a la taracea, a los cueros o a la pintura como elemento decorativo. Se siguen utilizando el hierro dorado o pavonado que será pronto sustituido por bronce o latón.

Los “must”.

Hay que destacar ciertos imprescindibles: el arca, el escritorio, el bargueño, la papelera, el mobiliario de asiento, la mesa y la cama.

El arca, que adopta la longitud del sarcófago (se hace más larga que la caja prismática medieval), evoluciona de formas simples y sencillas hacia volúmenes más ligeros y detalles más ricos.

De izda. a dcha. y de arriba a abajo: 3 arcas del s. XVI y una del s. XVII.

Arca de novia s. XV. Para el novio, se destinaba el armario.

Dentro del mobiliario de guardar, encontramos tres categorías diferentes: el escritorio, el bargueño y al papelera. Del primero encontramos numerosos ejemplos en el mobiliario de estrado, -llamados escritorillos por su tamaño pequeño-, que se usaban para guardar joyas, elementos de costura y otros enseres del ámbito femenino. Podéis ver más contenidos sobre el estrado en nuestro post sobre cine y mueble “Asuntos de estrado”.

Mujer leyendo, de Pieter Janssens Elinga, 1660.

Escritorillos de los siglos XVI y XVII.

El escritorio  y el bargueño se instauran en el siglo XVI como el mueble estrella. La diferencia entre el primero y el segundo es la decoración interior. El bargueño típicamente español muestra separaciones entre puertas y cajones con columnillas y pilastras; en ocasiones está  policromado, tallado y/o dorado. Tanto uno como otro se pueden apoyar sobre taquillón, fiadores de hierro o pie de puente. Aunque todo esto depende mucho del experto al que se le pregunte.

El armario de la ropa blanca, de Pieter de Hooch, 1665. Y el bargueño de Salamanca.

Bargueños, guardianes de secretos...

....y escritorios igualmente confidentes.

La papelera se distingue de los anteriores por ser posterior (siglo XVII) y reposar su cuerpo sobre 4 patas torneadas. Reduce su esquema compositivo a una fachada frontal,  flanqueada por 2 filas de cajones.  Las columnas, frontones y entablamentos se superponen sobre el plano de fondo como si de un retablo se tratase. Son muchas las que se conservan por lo que se cree que se fabricaron de modo industrial en toda España sobre todo las que llevan en el frente una finas líneas de latón  o bronce dorado formando círculos incrustados en el ébano a modo de molduras que enmarcan las placas de carey. Coronando el mueble se coloca una balaustrada también dorada rematada por jarrones o figuras que acentúan su aspecto arquitectónico.

Papelera s. XVIII, a imitación del modelo del mismo tipo del s.XVII.

Dentro del mobiliario de asiento destacamos la jamuga o silla de caderas. Es de origen nazarí y solía fabricarse con el asiento de cuero repujado. Con el tiempo se tapizó en terciopelo. La estructura es de madera con profusión de taracea. Son plegables y fáciles de transportar. Los bancos prismáticos (con cajón debajo del asiento) se siguen usando y  aparecen en el siglo XVI,  los bancos de zaguán de respaldo bajo muy abatible unido al asiento, algunos tallados, pintados o taraceados.

Interior con Pintor, Dama Leyendo y Sirvienta Limpiando de Pieter Janssens Elinga 1638.

Banco prismático y banco de zaguán.

La mesa se va asegurando sobre cuatro patas aseguradas por chambranas. Casi siempre son de nogal  y el tablero tiene un grosor  tableros de 5 ó 6 cm. Existe también la mesa bufete: mesa de patas inclinadas con fiadores de hierro y cajones simulados. Como bello ejemplo dejamos esta página de la revista AD del mes de noviembre (foto de Ricardo Labougle).

Mesas castellanas con fiadores de metal.

De la cama, podemos observar como se pasa de la cama gótica apoyada sobre una base de madera abatible a elementos mucho más elaborados como colgadores de tela, doseles de madera y columnas salomónicas (esto último ya a finales del XVII). En la imagen inferior (cedida por Pamela Angus http://pamelaangus.blogspot.com/), una muestra un poco anterior que se puede ver en el castillo de Langeais en Francia.

De cama en cama a través de los siglos.

Después de este paseo por la sección de decoración, sólo nos queda agradecer al colaboración del museo de Artes Decorativas de Madrid, en la cesión de imágenes para este post y para la conferencia de historia del mueble español que dimos en el taller. Si visitáis el catálogo online, podéis acceder a toda la información detallada de las piezas.

Próximamente (adverbio de tiempo que puede indicar mañana o dentro de un par de meses) volveremos a la carga con otro siglo y otro país. Todo indica que nos decantaremos por el mueble en el siglo XVIII en su máximo esplendor: en Francia, bien sûr.

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Otras fuentes: Palacio Nacional de Sintra (cama número 3, imagen camas, bargueño de Salamanca), Nami Interiors, (sillón frailero).

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