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Un antes y un después de impacto para esta silla con pasado desconocido y presente desvencijado. Puede que nunca haya pisado un cabaret, por eso, mismo para su nueva vida, le hemos sacado las candilejas y la hemos customizado como si fuera para la mismísima Sally Bowles.


Para esta transformación, comenzamos con una limpieza exhaustiva, de la que no vamos a dar detalles, después lija, lija, lija y cera, cera, cera (tenía mucha sed). El asiento (que no se ve en las fotos) era irrecuperable, así que la opción era cambiarlo por otro de estilo Thonet. También hubo que desmontarlo para colocar una chapa nueva con la transferencia creada para la ocasión y después volver a componerlo con mucha paciencia. Finalmente se volvió a atornillar y encolar. Y para que no le falte un perejil, se le añadieron las líneas horizontales en el asiento y verticales en las patas delanteras y traseras (estas últimas muy finas, imitando la raya de una media).

El destino final no será el imaginario Kit Kat Club de los años 30, pero quedará satisfecha alegrando algún rincón con su nueva apariencia.

Bye, bye meine Damen und Herren.

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