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La diferencia entre la restauración de muebles y la customización son los grados de imaginación. En ambos casos, el antes y después es siempre gratificantes. Pero en la customización te permites el lujo de jugar a la reencarnación. Como esto no es cirugía estética, sino algo mucho más asequible y maleable, al final nadie sale descontento. Y por si alguien aún tiene dudas, y no se atreve a transformar alguna reliquia, dejamos para muestra la historia de este aparador.

El armario antes

Primera pregunta: ¿y ahora qué hacemos? ¿Lo pintamos de blanco? ¿Lo entelamos? ¿Dejamos algo de madera a la vista?…y ¿si le quitamos las puertas? ¿Plata? Quién ha dicho tela? Tela no. Tela sí ¿Papel? Idea: le quitamos las puertas. Bueno. Finalmente, siempre hay alguien que lo tiene claro (afortunadamente). Puertas fuera, tela en el interior, pan de plata y pátina para el resto. La guinda, los tiradores.

El armario después.

A la vista está, que un comienzo de cero puede ser mucho más excitante que una vida llena de manos de barniz de poca calidad.

De cerca.

La balda de madera del medio se ha sustitudio por un cristal para dar continuidad al dibujo de la tela. El mueble se estiliza y gana puntos. Igual de importante es el motivo de la tela escogida  y que el dibujo encaje en todas las juntas.

Ahora ya una razón más para tener visitas o dejar que el cartero llame dos veces. Hasta la próxima.

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