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Un trabajo laborioso y complicado. Un bonito berenjenal en el que una vez metidos, es difícil salir. Se empieza por una tabla de madera lisa y blanca y se acaba en mármol. Las fases de trabajo son bastantes numerosas y la capas de pintura que hay que dar, infinitas. Según Wikipedia, el mármol “es una roca metamórfica compacta formada a partir de rocas calizas que, sometidas a elevadas temperaturas y presiones, alcanzan un alto grado de cristalización”, según nuestra experiencia, el intento de acercarse a algo parecido a dicho material, supone también elevadas dosis paciencia y autopresión para acabar lo empezado.

Puede que resultado final, no sea todo lo parecido que se deseaba, pero estéticamente es satisfactorio. Aunque cuesta imaginar como se pasa de una tabla rasa a este tipo de motivo, suponemos que os hacéis una idea de lo arduo que es.

En su momento, este tipo de técnica se usaba cuando el presupuesto no llegaba para mármol real y las superficies a cubrir eran muy grandes. Podéis obeservar magníficos ejercicios de este estilo en el Palacio de la Granja, en Segovia. Lo nuestro es un poco más modesto, pero eso no le resta valor.

Para esta ejecución, también se ha usado la técnica de estuco como base, fundamental para ocultar la madera a la vista y se ha incorporado un pulimento final de alto brillo. Por el medio, unas 12 o catorce capas de diferentes tejidos pigementarios y múltiples correciones de color y forma.

Y ahora ya lo podemos mirar sin remordimientos del tipo “por qué me dio por hacer esto”. Claro, que cuantas más veces piensas eso durante un trabajo, mejor te queda y te quedas cuando lo terminas. Al menos en algunos casos.

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